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ENTREVISTA A ALBERTO SALCEDO RAMOS POR JORGE CONSUEGRA (director de Libros&Letras) |
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JORGE CONSUEGRA: ¿Por qué decidiste ocuparte de la vida de Pambelé? ALBERTO SALCEDO RAMOS: Bueno, Pambelé es un personaje repleto de historias. Tiene la gloria, la caída, la complejidad sicológica. Además, es un ícono de nuestra cultura popular, un hombre que representa profundamente lo que somos, tanto en el esplendor como en el desastre. Yo crecí viéndolo pelear y he dicho - más en serio que en broma - que en mi infancia no perdí mi tiempo ni con Supermán ni con el Llanero Solitario, ya que mi superhéroe era Pambelé. J.C.: ¿Qué fue lo más dramático en el desarrollo de este reportaje? A.S.R: El sufrimiento que Pambelé le ha causado a la gente cercana a él, como su familia. Aunque los pasajes consagrados a contar esta parte parecen crudos, en realidad me abstuve de contar muchísimas situaciones que hubieran podido ocasionar más daños. La idea no era hacer un inventario de la ruina humana, sino mostrarla con el respeto que se merecen todos los personajes implicados en la historia, empezando por el propio Pambelé. J.C.: ¿Y lo que más te sorprendió? A.S.R: La complejidad sicológica de Pambelé. Eso lo convierte en un personaje universal. Su problema emocional es el mismo de muchísimas personas a lo largo y ancho del planeta. Estoy convencido de que si Dostoievsky viviera hoy, querría contar la historia de Pambelé. J.C.: ¿Esta biografía es como un llamado de atención a los deportistas? ¿Al Estado colombiano? ¿A los lectores? A.S.R.: Digamos que me dejé arrastrar por la fuerza de la historia, sin detenerme a pensar en las consecuencias de contarla. El que lea el libro decidirá si le añade moralejas. Pienso que la vida de Pambelé, tal y como me dijo uno de sus hijos en Venezuela, es una parábola. Y seguramente en estas páginas habrá motivos suficientes para hacer esos llamados a los cuales te refieres. A mí me gustaría, por ejemplo, que el libro fuera el pretexto para un nuevo intento de rescatar a Pambelé. J.C.: ¿Con qué estado de ánimo debemos leer esta biografía? A.S.R.: Con el estado
de ánimo con el que uno se enfrenta a la vida misma: aquí
no sólo se cuenta el desastre de Pambelé. También
narro su gloria, la disciplina ejemplar que lo caracterizó al comienzo
de su carrera, sus veleidades con el poder, sus escarceos amorosos y algunas
anécdotas graciosísimas que el personaje ha dejado desperdigadas
por ahí. Lo que le propongo al lector es que se deje arrastrar
por la historia, tal y como hice yo a lo largo de estos últimos
dos años. A.S.R.: Lo vi mucho. Anduve con él bajo la lluvia y bajo el sol. Lo más importante no fue lo que me dijo sino lo que le vi hacer. Desde ese punto de vista me siento tranquilo porque creo que capté la verdad y no simplemente oí hablar de ella, como ocurre con frecuencia cuando el periodista es rehén de la entrevista y se olvida de convivir con su personaje tanto tiempo como sea posible. J.C.: ¿Qué te hizo doler la cabeza en la construcción del trabajo? A.S.R: La migraña, y no es un chiste. Más allá de ese problema de salud que me aqueja desde hace rato, me sentí cómodo contando la historia de un personaje tan ligado a mis raíces, a mi pasado, a una época que me marcó. Escribiendo este libro he confirmado algo que ya sospechaba: uno, como cronista, cuenta la vida ajena como un pretexto para ir dejando algunas claves sobre la vida propia. J.C.: ¿Han quedado cosas por fuera? ¿Qué te hubiera gustado contar y no lo hiciste o no pudiste? A.S.R.: Siempre, inevitablemente, queda material por fuera. Es parte del juego. Uno no puede contarlo todo. Acuérdate de lo que decía Alfred Hitchcock: "el cine es la vida misma pero sin los momentos aburridos". Entonces, lo que quedó por fuera es porque consideré que era irrelevante. J.C.: ¿Qué nuevos trabajos estás preparando? A.S.R.: Otro proyecto de periodismo narrativo que más adelante, cuando haya tomado forma, daré a conocer. Por ahora es apenas una idea que me da vueltas, como la historia de Pambelé hace dos años. |
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