"EL ÍDOLO CAIDO"

POLI DIAZ FUE BOXEADOR

He visto más de mil veces el combate entre Poli Díaz y el estadounidense Pernell Whitaker y aún me pregunto que habría pasado si el español hubiese ganado aquella pelea por el título mundial de los ligeros. Posiblemente la vida del Potro de Vallecas sería totalmente diferente a la que ha llevado hasta ahora desde aquella calurosa noche del 27 de julio de 1991.

Poli Díaz se había ganado el cariño de la gente, había vuelto a levantar al boxeo en España tras muchos años en el que el noble arte estaba falto de ídolos. Empezaba a ser un fenómeno social gracias a su carisma y bravura y avalado entre otras cosas por Enrique Sarasola o por ser una época en la que el box se retransmitía en abierto con lo que eso significaba: Todos reunidos frente a la televisión cada vez que el español peleaba. Todo eso y unido al gran boxeador que era le hacían ser una persona muy popular en España y con un futuro más que prometedor.

Tras aquella derrota todo se truncó, el boxeo ya no lo era todo para él y se dejó influenciar por personas que sólo querían aprovecharse de él y estar ahí mientras hubiera fama y dinero. Y es que a pesar de la derrota Poli se llevó una cantidad de dinero muy considerable. Sólo tenía 23 años, era muy joven y había vivido mucho en muy poco tiempo.

Tan rápido como llegó al estrellato y a la fama fue desapareciendo del panorama boxístico y social. La edad, los ambientes, el dinero y, lo peor de todo, la droga fue lo que lo hundieron. Estuvo dos años sin pelear. Hasta reaparecer en agosto del 93, muy acabado (ya nunca llegó a ser el mismo) y prácticamente obligado a pelear por la necesidad del dinero, ya que se quedó sin nada. La droga lo había consumido.
Desde entonces ha intentado reaparecer en varias ocasiones pero siempre en vano.

Las generaciones de hoy, no han conocido al Poli de los grandes momentos, sólo han conocido al que se ha dejado ver por los poblados chabolistas de las Barranquillas o la Rosilla, al que ha actuado en películas pornográficas, al que ha tenido altercados e incidentes con la policía, etc. Ya no es el otrora ídolo de masas que maravilló a todos en el pasado. Esa es la pena, que sólo sea recordado por estas cosas y no por lo grande que fue durante algunos años.

Pero Poli Díaz fue boxeador... y de los buenos. Le pese a quien le pese.

Rubén Sánchez Marín


EL ÍDOLO CAÍDO

La lectura del artículo "Poli Díaz fue boxeador", del eventual colaborador Rubén Sánchez Marín, ha despertado en mi el deseo de dar mi opinión acerca de tan controvertida figura pugilística. Sin embargo, antes de nada, le digo al señor Sánchez Marín, que Poli Díaz nunca ha sido el gran boxeador que los españoles creíamos tener, pero en fin... para gustos se hicieron los colores.

El que fuera ocho veces campeón de Europa del peso ligero entre 1988 y 1990, Poli Díaz, de origen madrileño, ha pasado en cuestión de diez años de héroe nacional a villano. La sombra de la droga es la peor lacra que sobre un deportista puede caer. Los españoles acogieron al "Potro de Vallecas" como un semidios cuando éste disputó el título mundial de los ligeros ante Pernell Whitaker en la fatídica noche del 27 de julio de 1991 en Norfolk (EEUU); ahora que es un pobre diablo, los españoles renuncian de él. Y es que como afirma el dicho, "Spain is diferent".

España, como país que olvida a sus ídolos y los relega al oscurantismo, ha dado una patada en el trasero a Poli Díaz, quien se enfrenta a un futuro incierto. Sin duda, a partir de aquel combate su vida dio un giro de 360 grados y es que Poli, nuestro Poli, ya no es el que era. Un triste episodio para quien estuvo destinado a conseguirlo todo. Rechazado por la mayoría y sin el apoyo de un país que un día se lo brindó todo, Poli Díaz, el de sonrisa permanente y verbo torpe, ya no ríe tanto y ahora tendrá que aprender a llorar en un mundo donde se fabrican ídolos tan rápidamente como se derriban. Es la cara amarga de una moneda que en otro tiempo fue dulce.

La caída de Poli Díaz, que no ha sido ni será la última en la historia deportiva española, se olvidará con el paso del tiempo, y Poli pasará a engrosar la ya amplia nómina de ídolos caídos. Sus victorias se difuminarán en el horizonte. Sólo la derrota es eterna. Y es que un hombre que construye 1000 puentes y roba una manzana, no es un arquitecto, es un ladrón. Los mejores tiempos de Poli Díaz ya son historia. Un camino duro y plagado de chumberas, en cuyo fin se dibuja un incierto y oscuro porvenir, es lo que aguarda de aquí en adelante al ex-boxeador madrileño.

Se abren varias preguntas: ¿Qué será de Poli Díaz? ¿Volverá a levantar cabeza? ¿Acabará sus días extinguiéndose lentamente, como lo hace la llama de una vela? ¿Morirá en el arroyo olvidado y despreciado por todos? Estas y muchas otras preguntas no tienen por el momento respuesta, aunque la historia es de sobra conocida: inicios, ascenso, triunfo, declive y caída. Y es que el deporte en general y el boxeo en particular, es una de las mayores fuentes de suministro de perdedores.

No hay que olvidar a otros púgiles, como José Manuel Ibar "Urtain" (defenestrado en 1992) y Alfredo Evangelista (ahogado por las deudas) y un largo etcétera. En este sentido, Poli Díaz no es especial. Es uno más. Un perdedor más sobre el que planea la eterna sombra de la destrucción. Difícil es hoy por hoy augurarle un mañana mejor a nuestro Poli. Y es que hoy en día, nadie da una peseta por él (perdón, un euro).

Domingo Fco. Puerta Sanchez

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