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PERIODISMO
DE PRESA
Una nueva desgracia,
lo ocurrido con la muerte de Levander Jhonson.
Algo demasiado viejo ya, como para poder decir algo nuevo.
Y no será la última.
Cierta prensa vuelve a la carga, instando a que, desde el Estado, se prohíba
el boxeo.
Actualmente en España apenas existen periodistas especializados,
a diferencia de otros países con más tradición.
Periodistas capaces de distinguir entre la sauna necesaria para dar el
peso y la deshidratación en la que dejas media pelea sin haber
subido al ring; simplemente echando un vistazo a la grasa subcutánea,
a 2 cm. de profundidad. Periodistas que valoraban a los boxeadores no
por los tatuajes, sino por las cicatrices.
Periodistas de raza, capaces de señalarte, entre el trío,
al juez corrupto: si ese tipo bajo, de bigote, entre el juez comprado
y el juez vendido.
Periodistas que denunciaban contratos con cláusulas tan oscuras,
que solo se iluminan prendiéndoles fuego.
Periodistas que criticaban al boxeo, pero desde dentro. A su manera, lo
defendían, al fin y al cabo, era su modo de vida.
España es diferente, y de la que te descuidas, te suelta un "Españazo".
Si uno se creyera todas las tertulias apocalípticas, andaríamos
ya por la décima guerra civil.
En materia de boxeo, en la Facultad de periodismo impartió cátedra
la momia de Goebbels.
El boxeo profesional, para cierta doctrina gacetillera, es la encarnación
del Mal, un Infierno de perdición.
En cambio el boxeo amateur, curiosamente, como mucho, es un simple Purgatorio.
Una alternativa al Infierno, un pecadillo venial... Por que, según
ellos, el boxeo olímpico no es un negocio, se lleva casco, hay
menos asaltos y no hay corrupción.
Dos explicaciones sobre un mismo deporte, dan la sensación de que
existe un elemento de conflicto
Que el porcentaje de k.o. en el boxeo olímpico se encuentre en
el 1% (fruto de una reglamentación que prácticamente lo
aborta) ni mucho menos lo convierte en un bálsamo para la salud.
Si un buen boxeador olímpico hace 250 o mas combates en su carrera,
y se multiplica por 4 asaltos, el resultado es clarificador.
Tan es así, que una carrera amateur dilatada, anula muchas veces,
las posibilidades de una profesional.
Encima, se pelea en régimen anaeróbico, el foco de golpeo
esta limitado a la zona alta, amen de que se pelea varias veces en una
misma semana.
Resulta bonito recordar a Oliver Kirk, aquel boxeador que subía
en peso al mismo tiempo que en Gloria, ganando dos medallas de oro, en
la misma olimpiada (en gallos y pluma), cuando solo existían 7
categorías.
Sobre corrupción olímpica, es aconsejable en las redacciones
que se lea la autobiografía de Kosta Tzyu, y que se pregunte por
el numero de árbitros y jueces Coreanos en los Juegos de Seúl
, en 1948 ,por ejemplo , 66 del total de 85 de los jueces olímpicos
eran del país organizador ,un sueño húmedo para el
mismísimo Frankie Carbo .
Como se van desarrollando las cosas, el uso de casco en las rotativas
se volverá obligatorio, no para proteger a la canallesca de los
golpes, sino para evitar que a los jefes de redacción les estalle
la cavidad craneal de tanto pensar: el casco en boxeo, por aumentar el
peso craneal, produce mas lesiones cerebrales, se ve venir los golpes
mucho peor y crea una falsa sensación de seguridad en el púgil.
A mi humilde parecer,
en lo referente a las virtudes del boxeo amateur, es muy probable que
los gacetilleros anden un poco confusos con la ley del reparto (siempre
previa a la ley de la caza) y patinen con la teoría marxista de
la plusvalía, por la cual, el fruto del trabajo debe de quedar
en manos del Estado, insaciable en su búsqueda de oro olímpico.
Muchos de los insignes deportistas profesionales (tenistas, ciclistas,
etc.) podrían explicárselo, visto el nulo celo con el que
defienden los intereses patrios en la Olimpiadas y lo mucho que se esfuerzan
en sus carreras profesionales.
Y en cuanto al agravio
comparativo, en referencia a otros deportes de riesgo, bastaría
preguntar a cualquier fisiólogo que opina sobre los efectos saludables
a los que se someten los practicantes del alpinismo(a partir de 6000m
los cambios químicos son mas que nefastos), la apnea (¡que
se lo pregunten a la Sirenita!) o el automovilismo, enganchados al duro
opio de la velocidad y sometidos a magnitud insoportables.
Y solo poniendo deportes que empiezan por A.
Desde la batalla de Maratón, con el primer mártir deportivo
reconocido, se sabe que cualquier deporte de competición empieza
donde acaba el deporte saludable. Llegados a un cierto numero de medidas
de seguridad, el deporte pierde toda su esencia, igual que ciertos trabajos
de riesgo.
Son varios los periódicos
que dejan claro, con una torrencial desfachatez, en su línea editorial,
la actitud a seguir sobre el boxeo profesional. Es bochornoso, a nivel
de libertad de prensa, y de una indigencia moral e intelectual terrible.
Informar, exclusivamente, solo de lo malo, lo peor.
Dejan sentado la Doctrina, totalmente excluyente, por escrito. Y es que
Dios nos habla
pero nunca responde.
Los Apóstoles, los periodistas del pelotón, que luego expandirán
el Dogma, nunca hablan en nombre propio, ni deben pensar por si mismos.
La gran preocupación del Gran Remitente es garantizar que su representante
en la Tierra no desarrolle ideas propias. A todo mas, meras versiones
que se interpreten a si mismas. Fotocopias del Decálogo.
Puro Derecho Misionero, con el mayor estrechamiento de conciencia posible,
con el sentimentalismo mas endeble, propio del monje sobreprotegido, del
nunca equivocado que no ha pisado la acera dura de la vida.
Retratistas del Diablo, porteras (España, que nadie lo dude, es
un país de porteras) parapetadas en el portal del Infierno.
Focas amaestradas, más atentas a la sardina del entrenador, que
a los aplausos del público.
Goebbels sin duda
debió de ser su tutor en la en La Facultad de Periodismo.
Goebbels (aquel cojo que corría como un gamo detrás de las
cabareteras) distinguía tres estadios, correlativos, en La Propaganda.
El primero era La Propaganda Blanca, donde se sacan de contexto informes
científicos
(la sensación de verdad es necesaria), que van sentando base a
una sutil tendencia.
Le sigue la Propaganda Gris, que consiste en hacer hincapié en
todo lo malo y obviar todo lo bueno, a la vez que se va sondeando los
resultados.
Por ultimo viene la Propaganda Negra, donde se estigmatiza a la victima,
y por exclusión, se busca separarla de cualquier apoyo, cual apestado.
Es así como se cierra el Círculo, y como echa a andar, previa
la cuesta abajo, La Bola de Nieve Apostólica.
Sacan de procesión al muerto (los muertos ya no pueden dar su opinión),
mientras silencian a los boxeadores
¿Cómo explicarían, entonces, que la inmensa mayoría
de los púgiles sobreviven indemnes a sus carreras? ¿Tendrán
que inventar la figura del Suicida Superviviente? ¿Como es posible
que toda la Historia del Boxeo no quepa en un cementerio de ciudad media?
No pueden hacerse a si mismos ciertas preguntas, sin que desaparezca su
calderilla retórica.
Nadie como el gremio de gacetilleros para saber lo que es un publico moderno
y como estabilizarlo motivacionalmente.
Es una cuestión de conseguir el número exacto de "publico"
para lograr la "tendencia". Como en un banco de arenques. Funciona
desde tiempos mesopotámicos, una trampa para cazar bobos.
¡Qué hermoso un Mundo sin boxeo! ¡Se acabarían
todos los conflictos! Así comienza el degüello. Todo Dogma
requiere de sus victimas, de sus lapidados, de sus chivos expiatorios.
Se mata desde tiempo inmemorial a los asesinos, pero el asesinato no ha
desaparecido.
El problema de difamar con demasiada fuerza y demasiado tiempo es que
el difamado acabe prefiriendo su papel, con sus ventajas, sus placeres.
El tiempo es una medicina poderosa. Y puede, incluso, que al final, el
público prefiera el mapa entero al simple indicador. Demasiado
orden produce esterilidad, ya lo decía Darwin, al estudiar la selección
natural.
La Propaganda espera una respuesta a lo Raskolnikov (el protagonista de
Crimen y Castigo), que peca pero se arrepiente. Pero quizás, en
algunos acabe desarrollando una respuesta tipo Sade, que peca pero niega
el arrepentimiento o incluso, en casos extremos, genere incubos de Satanás,
que de tan callosa convicción, no solo pequen sino que encima,
se enorgullezcan de ello.
Ser radical es una tendencia que se esta poniendo de moda (y eso que ya
hay mucha competencia).
Y resulta paradójico
que ciertos Directores de Redacción sean incapaces de entender
que el boxeo es un simple oficio de riesgo. Ellos, que en su propio gremio,
tienen el corresponsal de Guerra.
En ciertas profesiones de riesgo, tomadas todas las medidas, lo único
que cabe es rezar...o mejor, suscribir un seguro.
El seguro de vida es un invento ingles del siglo XVIII (como el boxeo
moderno).
Surge con el comercio naval, el comercio de riesgo.
Todo riesgo es susceptible de ser calculado, ser matemáticamente
descriptible, ser cubierto por una comunidad solidaria y calculadora.
La lógica del riesgo calculado se ha mostrado menos costosa, y
existencialmente más practicable.
José Couto murió por asomarse con una cámara de video
en una zona de guerra. Una cámara de video es parecidísima
a una lanzadera de misil Stinger. Una imprudencia, que con otro ejercito
enfrente quizás hubiese evitado. José Couso no tenia el
seguro que se suele emplear cubriendo conflictos. ¿Se le habría
olvidado a algún Jefe de Redacción? La prensa, en un acto
de arrebatador y torrencial corporativismo, escenifico toda una campaña
para que Couso recibiese el tratamiento de victima del terrorismo, a costa
del contribuyente.
Soy partidario de no prestar nunca nada .Y mucho menos prestar argumentos
torcidos, pues estos suelen devolverse, como la espada prestada, siempre
de punta.
En descargo de la prensa (una cosa es ser un parasito que afecta al enfermo
y otra cosa es ser la propia enfermedad), la verdad es que los Organismos
mundiales de boxeo se lo ponen muy fácil a este tipo de prensa.
Nunca ha habido tantos Organismos y el boxeo ha estado más desorganizado.
Las Organizaciones callan, en un espeso silencio, esperando que la tragedia
se cebe en la "competencia" .No hay escasez de voluntarios,
por lo que se ve, para liderar una federación, pero flaquean para
los entierros.
En cambio, el aficionado, atónito, tiene que sufrir la inflación
de campeonatos del tipo"casados contra solteros", "paralíticos
contra epilépticos", o reinvenciones del boxeo, donde un pobre
aspirante juega a la "gallinita ciega" frente a una apisonadora.
Boxeadores llenos de carisma, con cinco títulos en cinco categorías,
evitando a boxeadores con menos carisma, pero con mucho peligro.
Una única federación, fuerte, debería dar la cara
(no el mero aficionado de pie), debería defender su deporte, poniendo
a ciertos gacetilleros en su sitio, obligándoles a que se metan
el articulo "per. Angosta vía", y no dejar ese ingrato
papel al aficionado.
Claro que, bien mirado,
resulta bastante paradójico que cierta prensa pida al Estado que
prohíba el boxeo.
El Estado, el Gran Bestializador por naturaleza, fomento el boxeo y los
deportes de lucha, sabedor que la Masa necesita emociones, necesita ser
bestializada hasta la intoxicación, sin subterfugios.
Porque la Masa, de Mesopotámia a Roma y hasta hoy, si la dejas
suelta, a su albedrío, solo sabe hacer una cosa
linchar.
Fue el Estado quien prohibió los duelos a espada o arma de fuego,
también, que curioso, en el Siglo XVIII.
Los soldados, en tiempos de paz, tendían a arreglar sus conflictos
a duelo armado. Si el duelo tenía el beneplácito de un oficial,
daba derecho a pensión para las viudas. Federico de Prusia, que
mantuvo el duelo a primera sangre, por ejemplo, prohibió el matrimonio
en campaña, para evitar pagar pensión a las viudas.
El Zar, que tenia derogada la pena de muerte, aplicaba como castigo sustitutivo,
ser golpeado con la baqueta de la bayoneta por todo el Regimiento en fila
(aproximadamente a la mitad del recorrido, ya estabas muerto)
En Inglaterra se prohibió el duelo armado bajo pena de horca, no
solo a duelistas, también padrinos y testigos.
Fue el boxeo el que sustituyo a la espada o la bala.
Nada se parece mas al abrazo que un buen clinch. Nadie esta más
cercano a la Paz que después del cansancio de un buen combate.
No debe extrañar que el primer campeón nacional ingles de
boxeo fuera un antiguo duelista y espadachín, llamado James Frigg.
El famoso pintor Hogart retrato a Frigg más veces con la espada,
que en guardia con sus puños.
James Frigg comenzó como duelista primero, y tuvo una academia
de esgrima en Tottenham Court Road , a principios del siglo XVIII. Prohibidos
los duelos a espada, no le quedo más remedio que dedicarse a lo
que, por entonces, eran duelos de segundo orden: los duelos a puño
descubierto.
Sus desplazamientos y las guardias eran típicos de la esgrima,
un deporte inventado, por cierto, por los españoles. Los antebrazos,
por su posición adelantadas, dividían las zonas defensivas
en ángulos de cobertura.
No había pasos laterales, pues los españoles empleaban la
estocada avanzando en línea, debido que, en la batalla, siempre
atacaban en formación compacta, hombro contra hombro y movimientos
laterales y circulares de corte, a modo de tajo de sable, serian imposibles
sin entorpecerse o cortarse. En la batalla, si el rival se movía
hacia un lado, era tu inmediato compañero el que lo enfrentaba,
dejándote claro su flanco
Del duelo a espada proviene, seguramente, que aquel que tiene mas que
perder (pongamos el campeón) tenga ciertas ventajas.
El boxeo se extendería por Europa como un medio de solución
de conflictos, como sucedáneo de la bala y el acero.
Con la explosión demográfica Europea del siglo XIX, el excedente
(cerca de 100 millones) fue absorbido por la emigración a América.
Multitud de deportes se crearon, sobre todo en Inglaterra, con vistas
a la expansión por el mundo: el alpinismo (Everest fue un cartógrafo
que trabajo para el ejercito), el rugby (durante muchos años, sirvió
como test para escoger oficiales) o el jockey sobre hielo, derivado de
un multitudinario juego invernal iroques, que se desarrollaba en los ríos
congelados, y que solía acabar en una batalla campal.
Actividades que han permitido a los actuales Estados su desarrollo.
Todos basados en actividades bárbaras, barnizadas con una leve
capa de civilización. Hoy, los Estados siguen sacándole
el jugo al pollo, con su efecto bestializador, de válvula de escape,
sobre la Masa, y encima, llevándose un buen pico con las quinielas.
Quizás si el Estado se llevara una buena parte de las apuestas,
como se lleva su parte de tabaco, juego y bebida (que matan mucho mas
que el boxeo), su actitud hacia el pugilismo cambiaria sin duda.
Y es que el Estado, a la hora de repartir la verdadera estopa, no le gusta
la competencia.
Sentado en la Plaza de Brandenburgo , en San Petersburgo o en los Campos
Eliseo , uno escucha los comentarios de los turistas , maravillados de
que en el siglo XVIII los monarcas hubieran ideado tales Avenidas, amplias
y cuadriculadas.
Pero si uno observa dichas avenidas con ojos de militar, se lo explica
fácilmente
: son unas magnificas trampas, ideales para mover el cañón,
para la carga a caballo; plena visión, no hay retaguardias, no
hay donde huir. Una inmensa trampa, un descarnado ring donde someter cualquier
brote de insurrección de la Masa.
Se pide, desde cierta prensa, que el Estado prohíba el boxeo, por
sangriento, brutal, inhumano.
Toda una paradoja, si tenemos en cuenta que en el Siglo XX, 140 millones
de ciudadanos fueron exterminados por sus propios Estados.
El Estado Moderno, un invento también del siglo XVIII, fue una
idea inspirada en Hoobes.
Sin una fuerza superior que los machaque, la natural inclinación
de los hombre a degollarse mutuamente, traería una existencia mísera,
cruel y corta, muy corta.
Hoobes llamo a ese poder, estatal, valetudinario, el Leviatán.
El Leviatán era un monstruo bíblico, semi-invisible, que
devoraba las almas de los hombres.
Era tal el pánico que producía, que los hombres optaron
por olvidar sus conflictos y depositar su confianza en los Dioses. Solo
ellos, los Dioses, podían controlarlo y comer su carne.
La Biblia dice que solo los Dioses
ahora que caigo. No dice nada
de seres humanos, con todas sus debilidades.
Desde luego, el Hoobes este, desde su tumba, debe de seguir partiéndose
de risa.
Fdo: F. Menéndez Campa "Sadman"
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