Juan Del Valle, el último mohicano

Aún lo recuerdo, si…

Una incongruente mañana, echando una ojeada por los queridos suburbios de la red, -si estuviésemos en otros tiempos solo se podría decir periódico, pero hoy prima lo digital- encontré una noticia que anillaba las enmascaradas delicias de todos los aficionados al boxeo: “Viene el ciclón Juan Del Valle”. ¿Quién era este chico? ¿De que planeta lejano viniste? (él no dejó a ingleses en el camino, ya me entienden). Procesos meteorológicos que sacuden la Tierra deslizados por la Estratosfera y compañía, tampoco se suponían que fuesen a ser carne de comer para un sitio especializado en boxeo como era aquella boxeo7… que tiempos aquellos. Ahora que se cumplen 50 años de la obra “Lolita” de Vladimir Nabokov, -que para los literatos es una insigne obra maestra de la contemporaneidad aromática-, boxeo7 viene a ser para nosotros, lo que es “Lolita” para los que teclean y leen la tecla. El problema es que nosotros ya no podemos llegar a esa lejana galaxia en donde se debe encontrar ahora todo lo extinguido en este mundo, submundo, boxístico que tenemos por España. Aquí, casi todo va de culo. Y el boxeo, parece que, más. Por eso se agradece cada vez más, que aparezcan noticias así, experiencias cercanas a la realidad como esta: que nos caiga un regalo del cielo como lo fue, es, ha sido y será Juan Del Valle. Si te mueves un poco por los refajos dicotómicos de los amantes del boxeo (aficionados, prensa, entrenadores…) te das cuenta de que hay púgiles, que no son bien recibidos por sus homólogos, que no derrochan simpatías, no se si por su egocentrismo indultado o porque creen que son lo mejor sin discusión a dudas. Con Del Valle, no pasa eso, a Juan lo quieren todos -teniendo en cuenta que la envidia es mala, como pecado absurdo que no perjudica nada más que al que la posee, sin obtener beneficio alguno-, aunque tontos hay en todos sitios. Ni tengo la razón absoluta ni me considero poseedor de la verdad –casi parece que estoy dando misa-, pero hay que hablar así de la gente que no quiere a Del Valle. Como de la que no quiere a otros púgiles que son magníficos en todos los sentidos. De vez en cuando a mí me pasa eso. Pero querer no es poder.

El caso es que el otro día dialogando con unos aficionados, uno se empecinó en decir que Del Valle no iba a llegar a nada porque era un guerrero demasiado fiero y demasiado arriesgado como para llegar a donde llegan los elegidos. Decía que no entendía como había debutado con Peter Petrov –que según él va a ser la séptima maravilla-, que luego cometió otro error enfrentándose a Manuel Calvo, un púgil que para él es uno de nuestros últimos grandes clásicos; y que no tenía cabeza porque había echo el indio en su último combate ante el ruso Petrov. He de decir que su segundo combate ante Petrov –espectacular combate- le pilló patas arriba. Pero esto es otra historia. Continuando con su brillantísima intervención, mi coleguilla zanjó el tema diciendo que para él los tipos que van de estrellas sin haber ganado nada le dejan algo mosqueado. Y yo le dije: -¿acaso algún púgil en España ha ganado algo?- Si, Iván Pozo, Javier Castillejo, Manuel Calvo, -de los de ahora, claro-. Además, Juan Del Valle no se cree ninguna estrella, pero espera estrellar a más de uno. Impaciente. Aunque yo, quería volver a su primera intervención, a ver que coño pasaba porque un tipo con cojones -como decimos por España-, se pegue contra todo cristo. Si te pegas con paquetes te critican, si te pegas con algo medio te dicen que debes ir a más, y si te pegas con gente gorda a todo momento y desde el principio, te dicen que vas demasiado rápido y que no vas a llegar a ningún lado. -¿En qué quedamos?- Está claro que a todos nos gusta más ver grandes espectáculos. Que si eres un paquete al final te la vas a pegar, pero si eres bueno de verdad, aunque te enfrentes desde el principio ante gente bastante potente, vas a demostrar que tu única debilidad es la de falta de experiencia. Y todos sabemos que la experiencia hace al hombre. Mi coleguilla, ese menda, porque de verdad que irrita la piel -a mi sobre todo que tengo que aguantarlo en mi ambiente, un beso cariño, lo del beso sin espectáculos technocutres que se asemejen-, había metido la gamba hasta el fondo, porque claro, enseguida uno entiende que España es un país que no sabe ni lo que quiere, que tienes que demostrar lo que eres cada día que te levantas. Joder, dejemos a Del Valle pulular, dejemos que se afiance, que coja tablas como dicen de los artistas. Se ha convertido en un mediático, que pena que no haga anuncios de cuchillas de afeitar, ni salga a todas horas en revistas del colorín (a su pesar), pero claro, ni quiere hacerlo y, además, es boxeador. No cantante. Le guste más a unos, o menos a otros, Del Valle se ha convertido en nuestro hombre, el ha ocupado un lugar que estaba vacío. Si, quizás con la irrupción de Kiko Martínez se haya secundado un poco su poder, pero solo hay que esperar, esperar a que nos de otra fabulosa guerra. Guerras -como ya dije en una ocasión-, que hacen alucinantes memorias de recuerdos y similitudes con el grandísimo Arturo Gatti, aquel que murió sin poner precio y que resucitó tras haber teñido de sangre la vida. Él es, a nuestra pequeña escala, como un mapa topográfico con curvas de nivel, nuestro hombre apodado la guerra. Sí, es cierto, el no usa la testa como defensa. Ni es un púgil al que le guste recibir para dar. Pero para mí, hay una fina cordura de antelación relacionada en el versus de Del Valle.

De la misma forma que liquidó a Alejandro Monzón, o a Nohales -bajo la eterna sospecha, sería el eslogan en la vida del Niño, muy amigo por cierto de Del Valle, y amado guerrero de mi triste pero corta vida boxística y fanática-, o a Chuso García Simón –el hombre que no utilizaba la defensa como arma-, Del Valle ha tenido derrotas que pudieron ser victorias, muy recurrente tópico de los anónimos Cátaros del año 1000. Pero esas derrotas son las que le han dado fama, y para nosotros, -aislados de los siniestros lugares de la vida social y vulgar-, eso es mucho, muchísimo. Vivimos alejados de todo, la censura invadida en las paredes de mi habitación al menos sirve para que en nuestra cápsula todo el valor sea poco, y que todo piropo quede lejos de la humillación. Para nosotros Del Valle, es como Curro Romero en los toros, o Jose María Jiménez “el chaba”, en el ciclismo. El ha estado ahí, pero la vida no es elegida por los hombres, si no que la vida los elige a ellos. Y Del Valle ha aparecido para quedarse y ser nuestra inspiración antagónica. Amén.

El boxeo español, tan necesitado de ídolos, ha encontrado a un referente, un estandarte. Es el momento Juan, el momento de empezar a hacer las cosas como le gusta a los hombres prudentes, “en la prudencia está la virtud”, decía Aristóteles. Sin que nadie crea estar ante el mismísimo César, porque no es así, me estremezco cuando oigo el nombre de Juan, -John, si fuese norteamericano con ancestros latinos-. Suena al romanticismo místico que inspiraba en el amor a Rosalía de Castro. Nadie se crea que Juan lo ha ganado ya todo, incluso alguien dirá que no ha ganado nada, estando en lo cierto. Pero eso no importa, porque la esencia quiere a la esencia. Y esa es la que Juan ha percibido. Ser diferente. El amor causado por la siniestralidad de la eterna duda del “cogito, ergo sum”.

Mi coleguilla irritante, después de leer esto, se hizo al Islam, pasó a ayunar y a dar limosna. Ahora ya cree haber encontrado el camino adecuado para alabar con el merecimiento merecido que se merece todo artista de un cuadrilátero. A él, le ponía mucho el rollo Hamed, que solo llegó a ser Príncipe, pero Juan va para combatiente de las Indias, guerrero infiltrado en las guerrillas revolucionarias. Dejémonos de aristocracia. El otro comentario que me dijo al leer esto fue que si yo había tomado alucinógenos enriquecidos con potasio de amenaza para escribir esto o si había recibido algún tipo de incentivo por ensalzar al asturiano. “Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la belleza, la bondad y la verdad”. Y ahí es donde Del Valle me ha ganado, siendo un Einstein relativamente cauto. Que fue la frase que hice consultar como contestación a mi coleguilla irritante. Después de esto, lo mínimo y lo único que la nostalgia y la serenidad nos permitían hacer, era coger un video y ver de nuevo el Del Valle – Petrov II, para llorar. La Guerra, sin Ward, pero igual de romántica. Ahora solo falta que haya tercera parte, y que gane Del Valle. Que ya le toca.

Del Valle tiene ahora 27 años, tras su último combate ante el ruso Sergei Nikitin su record profesional es de 7 victorias y 3 derrotas. Gijón, España y hasta el Cid, ya tiemblan por el nuevo tornado que se nos avecina. Pero esta vez, sin empezar la casa por el tejado.

Rubén Sánchez Marín

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